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En el Cementerio de los Ingleses, en el barrio de San José de Las Palmas de Gran Canaria, descansan ilustres británicos verdaderos impulsores de lo que hoy es Gran Canaria.

El conocimiento de la saga de los Miller y de los Británicos en Las Palmas de Gran Canaria es fundamental para que nuestros jóvenes entiendan hoy la gran ciudad que tenemos. Una visita de los escolares a estos cementerios serviría para su conservación y para la difusión de su aportación a las Islas Canarias.
Hay tres Cementerios en Canarias, éste de Las Palmas de Gran Canaria construido en 1834, otro en Santa Cruz de Tenerife dentro del Cementerio Católico de San Rafael y de San Roque con un primer enterramiento en 1837 y el más antiguo, el del Puerto de la Cruz, construido en 1747, debido a los ingleses que se establecieron en la Orotava y en el Puerto de la Cruz para exportar el vino que se producía en la isla.

A principios de 1800 el escocés James Swanston viajaba a las Antillas a reunirse con familiares cuando su barco fue atacado en las cercanías de las Islas Canarias. Los piratas le dejaron en Fuerteventura y decidió quedarse en Las Palmas de Gran Canaria, llamando a su primo Tomás Miller para que se uniera a él. Crearon negocios juntos y en 1852 Tomás Miller se separó de su primo y fundó la casa Miller en un caserón de la calle Triana.


En 1851, durante la epidemia del cólera, construyó en Tafira Alta la Finca Las Magnolias para proteger a su mujer y a sus tres hijos, pero desgraciadamente estaban contagiados y murieron los cuatro. Abrió una oficina para sus actividades bancarias y se convirtió en el principal banco después del Banco de España, y en 1870 obtuvo la delegación de London Assurance.


Antes de que se iniciara la construcción del Puerto Swantons y Miller habían abiertos empresas marítimas y de servicios portuarios de suministros. En 1883 comenzó la construcción del Puerto de la Luz por el ingeniero Juan de León y Castillo, y en 1884 Alfred L. Jones abrió una estación carbonera y se preocupó de que arribaran habitualmente al puerto buques importantes a los que suministrar, y estableció una sucursal de la Elder Dempster desempeñando funciones de consignataria, bancarias y de exportación de frutos, convirtiéndose en promotor del cultivo y exportación del plátano. Exportó a Francia la cochinilla, desde donde se exportaba a China.


En 1896 fue autorizado a construir varaderos en el puerto, y dos años más tarde también abrieron sus varaderos la casa Blandy y los Miller, teniendo capacidad para construir barcos de 1500 toneladas.
Enamorado de Gran Canaria, Alfreo L. Jones encausó un importante movimiento turístico, promoviendo viajes desde Inglaterra, alentando visitas de escritores, artistas, periodistas, médicos y personalidades de su país. Patrocinó la publicación de folletos y guias turísticas, cumpliendo una misión como pionero del primer turismo que vino a nuestro Archipiélago. Fundó los hoteles Metropole y Victoria. Una de sus sociedades, la “Canary Islands Company”, fundada en Londres, construyó y explotó el Hotel Santa Catalina dirigido por un Miller, hasta que se arruinó en el año 1914. En 1915 se subastó en Londres comprándolo por muy poco dinero Miguel Curbelo y pasando poco después a ser propiedad del Ayuntamiento de Las palmas de Gran Canaria. Varios hoteles fueron promovidos y explotados por otros ingleses, como los hoteles Quiney, Europa, Londres y Santa Brígida.


Los ingleses tenían sus propios centros de convivencia, como la Iglesia Anglicana, el British Club y el Club de Golf que fue el primero que se fundó en España. Implantaron su hábitat de vida en Ciudad Jardín con chalets ajardinados que influyeron la planificación urbana. En 1874 se construyó el Cementerio de los Ingleses en el barrio de San José, donde descansan ilustres personajes que impulsaron la economía y la cultura de nuestra isla.


Canarias, y particularmente Gran Canaria, no puede olvidar la fantástica aportación de la colonia británica para el desarrollo económico y cultural de nuestras islas. Un capítulo para tener en cuenta en la formación de nuestros jóvenes, en el conocimiento de la saga de los Miller y de todos los británicos que forjaron un comienzo de crecimiento espectacular sin el que Gran Canaria no sería la misma.

Información obtenida de «La Colonia Inglesa en Gran Canaria» de Alfredo Herrera Piqué.

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